Título: "Respirar el cielo".
Tipo de escrito: Relato.
Fecha: Mayo del 2017.
El oscuro dragonzuelo impulsó su cabeza hacia el cielo ardiente, mientras sonreía como un condenado. Su cuerpo de reptil, que medía aproximadamente 18 metros, despedía un aura feroz. Sus majestuosas alas violáceas se movían hacia abajo y hacia arriba sin parar, elevándose cada vez más alto. El brillo de sus filosas garras desapareció tras una voluta de humo y sus gruesos dientes quedaron al descubierto en una mueca sonriente.
—Logramos escapar de eso por los pelos. —La voz de su acompañante sonó frustrada y dura. Ella se encontraba firmemente sentada sobre el lomo de la criatura, decidiendo atarse el cabello con la cinta púrpura que tenía en su muñeca, al mismo tiempo en que dejaba atrás una zona cubierta de lava—. Sé que tú eres un dragón y todo eso, que tienes la piel más resistente y prácticamente todos tienen alguna cierta sintonía con el fuego, o eso se supone, pero aquello no quiere decir que seas totalmente inmune. Y básicamente a lo que quiero llegar es… ¡No había razón alguna para cruzar de lleno aquella zona de bolas de fuego! Estoy sudando a mares. ¡Pensé que iba a morir, Kaiser!
El dragón emitió un sonido grave y burbujeante, siendo lo más parecido a una risa que uno podría escuchar de este ser. Se dirigió velozmente hacia el siguiente obstáculo, mientras los demás competidores escapaban con alguna pata o cola quemada. Todos se estaban esforzando para poder conseguir llegar a la final de esa carrera de locos.
—Es muy gracioso que digas eso cuando no tengo ningún tipo de afinidad con el fuego —mencionó el susodicho Kaiser, pintando una expresión de perplejidad en el rostro de su xaelior.
Él recordó el primer momento en el que se había cruzado con ella. Una pequeña niña perdida en el bosque, con su piel bronceada manchada de barro, los marcados labios en una expresión de terror por la soledad, y su vieja cinta púrpura que, en ese momento, la tenía atada a la cintura. Sus ojos grises refulgían entre la maleza y la oscuridad, junto con su pequeño y extraño aro colgando de su oreja: era una garra plateada. En tan sólo unos pantalones desvencijados y una camisa que hace mucho tiempo quizás era blanca, pero en ese entonces ya no, la solitaria Faith O’Neill intentaba encontrar el camino de vuelta a su aldea. En vez de eso se topó con la mirada esmeralda de una inocente criaturita escondida entre los matorrales.
Sus escamas brillaban por la lluvia y mostraban un color violeta bastante oscuro. Se acercaron lentamente el uno al otro, analizándose a cada paso. Sentían una rara conexión entre ellos, algo que nunca en sus vidas les había sucedido. La niña estiró su mano morenita y cubierta de tierra hacia sus escamas, pero justo antes de llegar a ella, se escucharon por el bosque sorpresivos gritos de persecución. Rápidamente el reptil se levantó y la empujó hacia el lugar en donde él se estaba escondiendo, dejándola a su merced mientras se alejaba cautelosamente. Faith se quedó sumida bajo el frío desconsuelo de volver a estar sola, respirando entrecortadamente, ya que el miedo no dejaba de apretar su pequeño corazón. Tiempo después, cuando sonaron gritos de triunfo en medio de los árboles, ella pudo distinguir, de entre la algarabía de sonidos, un sollozo lastimero. De un dragón.
Kaiser despejó su cabeza de esos pensamientos y siguió con su vuelo tenazmente, adelantando a varios de los participantes. Si bien estaban por llegar al último obstáculo de la carrera, no pudo evitar que Zane se pusiera a su lado.
—¡Faith! No podrás despegarte de mí tan fácilmente. Kaiser y tú no son los mejores xaelior del continente. Les demostraré que se equivocan —exclamó un joven castaño con una sonrisa triunfante. La chica apretó sus dientes en señal de fastidio.
—¿Por qué ni siquiera eres capaz de callarte la boca durante la carrera? Por dios, eres cansador. No vas a demostrar nada si ganas aquí; esto es sólo para obtener esas 1.000 monedas de oro y largarnos. Ser xaelior significa más que ir parloteando tonterías. –Al terminar su declaración, la pelinegra le dio señales a su compañero de vida para entrar de lleno a la próxima zona. Zane la miró furioso y se dirigió hacia adelante por otra ruta, animando a su dragona Skolher a ir a toda velocidad.
Xaelior. Esa palabra tan especial representaba la unión que existía entre el dragón y su compañero/a humano/a. No siempre encontraban a los indicados, pero cuando sucedía, era un acontecimiento de gran importancia para todos. El dragón nace con un gran poder guardado dentro sí, que podría variar desde el control del agua hasta las habilidades nigrománticas. Había una gran variedad de criaturas y capacidades. Siempre fueron una de las razas más fuertes de todo el planeta, rumoreándose de que habían sido bendecidos por los dioses. Pero había algo más: Ellos podían compartir sus poderes con sus xaelior, aquellas personas humanas que habían elegido para tal cometido, pasando por un proceso en el que representaban su unión con una marca. Los dos juntos podían convertirse en una pareja de importantes aliados en cualquier batalla decisiva. Sus almas quedarían entrelazadas para siempre.
Hasta que los dragones cayeron en decadencia, durante la gran 8° Gran Guerra de la Luz. Las tres figuras más destacadas que hubieran existido en toda la historia habían sido traicionadas y asesinadas, dejando al Ejército de la Luz en una gran desventaja. Ese día, aquella raza que decían que había sido querida y valorada por las deidades, fue perseguida sin disimulo para su exterminación.
Por eso, Faith estaba concentrada en ganar la carrera a toda costa, a pesar de lo que le había dicho a Zane. Su instinto de supervivencia iba más allá de cualquier otra persona. Aquello la hacía moverse y dar todo de sí para poder llegar a la línea de meta. No iba a rendirse y estaba completamente convencida de su objetivo.
Los xaelior siguieron adelante, atravesando ya la barrera que dividía una zona de otra. Se encontraron volando sobre un paisaje despejado cubierto de una blanca y pura nieve, con algunos árboles solitarios desperdigados. Las dominantes montañas no se encontraban muy lejos de allí, marcando el límite del recorrido. Al respirar se formaban volutas blanquecinas frente a sus rostros y el frío no tardó en impregnarse en sus cuerpos. Había tanta tranquilidad que no podían dejar de estar alertas a cada señal de peligro. Por un lado, en la delantera se encontraban Maddox y Kyle, unos grandes expertos en el arte del vuelo y quienes estaban disputándose el primer y segundo puesto. Por otro lado, se encontraban los gemelos Greenwood, talentosos jóvenes con poderes altamente buenos, siendo éstos la arquería con puntería exacta y el manejo de las armas tecnológicas respectivamente. Faith no quería dejar que ellos la dejaran atrás, así que animó a Kaiser a aumentar la velocidad.
—Todo esto es muy extraño, Faith. —La voz del dragón sonó algo aguda, al no haber madurado todavía lo suficiente—. Yo voto por que vayamos a los costados. Me huele a que no es más que una sucia y aburrida trampa.
—Sí, está bien. Vayamos por la izquierda. Y Kai…
—¿Sí?
—Recuerda el código.
La criatura violácea viró hacia esa dirección, prestando atención a cada detalle. Pero ninguno de los dos se esperaba lo que en realidad pasaría. Faith dedicó una mirada hacia atrás y eso le dijo todo.
Los que se habían quedado atrasados habían sucumbido primero al ataque silencioso. Cada vez más y más jinetes caían de sus dragones completamente sedados, sin ningún tipo de reacción, como si hubieran quedado inconscientes al instante. Y si se observaba la situación más de cerca, la gente notaba las ligeras manchas verduzcas que aparecían sin tardanza en la piel de los afectados. Ahí fue cuando empezaron los gritos de terror y pánico. Aquella ola invisible avanzaba rápidamente hacia ella.
—Parece que empezó el último juego. —La expresión del dragón fue algo parecido a una sonrisa llena de dientes puntiagudos.
Faith se desató el cabello y se colocó la cinta en la boca al tiempo que se inclinaba sobre el lomo de éste para evitar la caída con el aumento de velocidad. Cruzaron rápidamente el terreno, rozando la superficie por poco. Evitaron grandes grupos de árboles y siguieron derecho hacia el camino que habían trazado mentalmente. Podían escuchar los quejidos, los gritos, las fuertes caídas, los rugidos de los dragones que habían perdido a sus xaeliors y más. La muchedumbre ya había cundido al pánico inicial. En cambio, Faith y su montura eran más persistentes. Enseguida buscaban alguna solución u alternativa para salvarse.
Habían pasado fácilmente diez minutos en los que habían escapado de las telarañas del veneno, cuando de repente algo se desató debajo de ellos. Con los ojos entornados contemplaron cómo la tierra se abría cual papel cortado por una tijera y, sorprendidos, se detuvieron repentinamente al estar a punto de chocar con una gran construcción de piedra resistente que imitaba la forma de una especie de pico, teniendo una base redondeada debajo y terminando con una punta de un filo mortal. Podrían haber muerto empalados en cuestión de segundos. Luego de un momento de asimilación, ya que esto los había tomado con la guardia baja, Kaiser volvió otra vez a su ruta con aún más determinación, evitando ágilmente los levantamientos repentinos.
—Vamos, Kaiser, esto es lo último que nos queda. Podemos hacerlo.
Casi llegaban a la altura de los delanteros cuando pequeñas agujas de hielo pasaron rozándoles la piel. Faith se sacudió el escalofrío que le provocó y se dio la vuelta. Se estremeció al ver el panorama completo de la situación. El aire helado se reunía en ciertos puntos por encima de los dragones e iba formando más y más agujas de hielo que se hundían en las corazas de las feroces criaturas y atravesaban las vestimentas de los humanos que se encontraban sentados.
—Nos persigue una gran ola invisible de veneno por detrás, salen picos de piedra de la nada listos para empalarnos y también estamos sufriendo de una magia de hielo que nos dispara por encima de nuestras cabezas. Nos están arrinconando en el medio, Kaiser. Esto no es nada bueno.
—Créeme Faith, me pude dar cuenta con tan sólo un vistazo. Tendremos que pensar en otra alternativa... —Afrontar estos tres obstáculos a la vez le estaba quitando las energías bastante rápido. Con esfuerzo, intentó seguirles el paso a los destacados gemelos que no habían perdido el ritmo y estaban como si nada, pero inevitablemente quedó atrás. Frustrado, movió sus alas como pudo, aguantando los ataques de hielo que alcanzaban a clavárseles en su piel. Rugió furioso al darse cuenta de su debilidad. Odiaba ser tan enclenque. Se había prometido nunca más volver a ser derrotado.
Habían escuchado sobre que la carrera de Elwitz era difícil, llegando al punto de no poder evitar ciertas muertes. Utilizaban aquellos cadáveres para donárselos al Ejército y seguir con la competición a pesar de existir políticas sobre la extinción absoluta de esta raza.
La joven aguantó la brisa agresiva que cubría sus poros. Se le hacía más difícil respirar en ese lugar, tanto al envenenado ambiente como por la frigidez que le lastimaba los pulmones. Apretó sus puños tan fuertemente que se les pusieron blancos y levantó su cabeza hacia el cielo, deseando un cambio en la situación, algo que pudiera desbaratar los roles de los factores que los arrinconaban. Algo más que pudiera sacarlos adelante.
Y entonces llegó el último obstáculo. La tormenta.
El cielo antes inmaculado se cubrió de nubes grises y negras. Eran más gigantescas que una de tamaño normal y devoró todo el firmamento sobre ellos. Un completo mar de oscuridad fue contagiando el lugar mientras los pocos sobrevivientes lo observaban, trastornados. El silencio brilló entre las almas asustadas mientras contemplaban a su último enemigo. Kaiser se tensó cuando la emoción de la batalla llenó cada miembro de su cuerpo. La humedad estiró sus dedos hacia la piel de Faith y ella cerró sus ojos. Un augurio de guerra, una última oportunidad… y una última esperanza. La lluvia no tardó en aparecer, dejándolos empapados en menos de un minuto. Cada gota marcaba el inicio de la barrera que separaba la facilidad de las anteriores fases con la complejidad de la siguiente. Cada pizca de agua hacía arder el corazón de la joven que había esperado tanto por esta ocasión en la que podría lucirse. Ahora, empezaba la verdadera lucha en pos de ser nombrado el ganador.
El viento comenzó a azotar los rostros de los competidores y su intensidad iba aumentando con cada segundo. Los alrededores se habían vuelto tan oscuros y la lluvia era tan densa que se les hacía difícil poder visualizar algo de entre el monstruo de la gran tormenta que los había atrapado en sus fauces. Maddox lanzó un grito de guerra desgarrador mientras se metía de lleno al ojo del temporal. En cambio, los hermanos Greenwood decidieron cambiar de dirección. Los xaelior se habían quedado varados en medio de la nada mientras observaban cómo la gente decidía usar sus últimas fuerzas para sacar una vez más sus poderes y avanzar.
Los rayos cayeron sin misericordia, rozando los cabellos y las alas de cada pareja de participantes que había sobrevivido, atrapándolos con sus eficaces disparos de electricidad. Los truenos resonaron, resquebrajando el manto de silencio que había consumido a todos. Kaiser se impulsó un poco más hacia adelante, esperando la orden que sabía que llegaría.
—¡Enciende la luz en medio de esta oscuridad, Kaiser, dragón de la electricidad! —gritó Faith con todas sus fuerzas. Sonrió abiertamente, aliviada, y bajó su cinta hacia su cuello, alzando su mano hacia aquella tempestad sin ninguna pizca de miedo.
El mencionado dragón rugió ferozmente mientras atraía la energía de los relámpagos hacia su cuerpo con una facilidad increíble. Se introdujo completamente en ellos, como si estuviera empapándose con el agua de una piscina. Ése era su terreno de juego, su especialidad. Faith sintió las chispas de electricidad corriendo por cada miembro de su complexión con una sonrisa triunfante. Rápidamente ganaron impulso gracias a los ataques de los rayos y reunieron más fuerza para avanzar. Faith se cubrió de lleno con la potencia de su energía y, debido a la luz que desprendía, pudo vislumbrar que los anteriores inconvenientes, aquellas piedras en el camino que tenían que superar, habían vuelto a la vida, y con muchísima más velocidad y brutalidad que antes. Le llegaban muchos sonidos de batallas, los rugidos de los dragones y los diferentes poderes que dejaron a relucir.
—No nos vencerán otra vez, xaelior —le dijo Kai con demasiada seguridad a su querida compañera.
—Lo sé. Sé que podemos hacerlo. Y hablando de eso… ¿Acaso tienes un chicle pegado a la cola? —le preguntó la morena con una cara extrañada. Había sentido las raras vibraciones del cuerpo de la criatura en el momento en el que una forma borrosa se agarraba fuertemente de su extremidad. Una muchacha de cabello rubio la miraba con locura, pensando que su habilidad de adherirse fuertemente a cualquier superficie podría ser útil en estas situaciones. Prácticamente la carrera, para ella, ya estaba ganada.
—Esto no es nada, Faith, déjame encargarme de ello. —La cola violácea se movió violentamente hacia los lados y una gran descarga eléctrica fue cayendo hacia su extremidad, rostizando el contacto con la otra persona y, por consiguiente, separándose de ella.
—Malditos idiotas… —susurró la joven con desagrado. No le gustaban para nada las trampas sucias que utilizaban muchos para poder ganar. Estaba del lado que apoyaba a la gente que había llegado a la meta limpiamente.
Un ataque repentino la distrajo de sus pensamientos. Otra criatura había aparecido de la nada chocando con una fuerza descomunal contra Kaiser, causando un desvío en su camino. Él recuperó el equilibro luego de unos segundos y miró con furia hacia su nuevo contrincante.
—Les dije que no me subestimaran, sucios payasos. —Zane les dedicó una hermosa sonrisa llena de resentimiento encima de su albina dragona Skolher. Levantó sus manos resguardadas por unos extraños guantes que tenían bordados unos ojos sin pupilas y las dirigió hacia Faith con parsimonia mientras recitaba unos encantos ininteligibles.
—Lo único que nos faltaba. Vamos a demostrarle de qué somos capaces… —Juntando las energías de los relámpagos a su alrededor, aprovecharon los ataques de las agujas de hielo y los picos de piedra para mandarles una descarga eléctrica que el chico evadió fácilmente, sin siquiera interrumpir su extraña recitación.
—Caerás ante mí, mi querida Faith O’Neill. —Apenas terminó de decir estas palabras, sus ojos brillaron y se rio frente a ella mientras caía de lleno en su trampa.
La chica dejó de ver. No había nada a su alrededor. No estaban los relámpagos, los dragones, inclusive su propio cuerpo. Y dejó de escuchar. No existían los sonidos de batallas de hace unos segundos antes, ni el roce del viento en sus oídos. Dejó de oler la desagradable humedad en el aire y dejó de sentir el frío en su piel. Había quedado totalmente aislada de la situación.
Ella entró en pánico, sin poder hacer absolutamente nada. Pensó y pensó y pensó en algo, pero nada se le ocurría. No fue capaz de medir el tiempo que había pasado. Ni siquiera sabía si en ese momento estaba haciendo o algo. ¿Capaz la había dejado en otra dimensión? Tal enorme poder no era posible que pertenezca a un chico tan débil como lo era Zane. El muy desgraciado siempre la detestó. Joder, ¿y qué le pasaría a Kaiser si ella se quedaba recluida en ese lugar tan tenebroso?
—¡Faith! ¡Faith, ¿me escuchas?! ¡Oye! —exclamaba Kaiser sin poder creerse que haya sido vencida tan fácilmente por aquel inmundo. Siguió volando como pudo, evitando los obstáculos secundarios a la vez que intentaba perder a la muy temible Skolher. Era muy delicado para no dejar caer a su jinete, que había quedado en un estado parecido a la inconsciencia sobre su lomo. Su pánico afloró poco a poco al no escuchar nada procedente de ella.
Sin su compañera, todo habría sido en vano. No quedaría nada para él si ella se iba. Si Faith desaparecía como una llama aplastada por el solitario frío, sin que nadie la cuidase de sus amenazas, Kaiser perdería su propio corazón. Ella era su mitad, su otra alma, su otro cuerpo, su otro fuego, con la que podría incendiar el mundo entero y luchar hasta el final. El miedo fue carcomiendo su pecho de a poco, haciendo que el dragón perdiera fuerza. Pensó y pensó y pensó en algo, pero nada se le ocurría.
Hasta que, de repente, se dio cuenta de lo que había pasado y el por qué su xaelior había dejado de responderle. Habría tenido que prestarle más atención en su momento. Claro, había sido un tonto. Skolher. La dragona de las ilusiones. Zane Williams había trabajado mucho en una técnica en la que no fuera tan fácil escapar.
—¡Ven aquí, grandulón! No vas a poder huir de mí. —El muchacho lo sorprendió justo en frente de él y dejó que las agujas de hielo traspasaran las membranas de sus alas. Kaiser detuvo su escape y, en vez de seguir volando, se dirigió directamente hacia Skolher. Dejó salir sus garras sin premura y la atacó con un gran zarpazo al costado. Ella lo evadió sin problemas y lo miró, curiosa. El blancuzco reptil tomó una postura defensiva y paró cada ataque de su contrincante. Ella era de un tamaño mucho más grande que él y sabía manejarse muy bien en las batallas cuerpo a cuerpo. En cambio, Kaiser nunca fue muy llamativo en sus técnicas de lucha. Prácticamente la victoria estaba asegurada. La carcajada de Zane no tardó en escucharse. Decidió quitarse presumidamente su guante izquierdo, mordiendo la punta de uno de sus dedos y arrancándose la tela. —Hasta aquí llegaste.
Su mano dejaba entrever unos tatuajes negros enrevesados que se iluminaron al decir esto último. La tierra se abrió otra vez, dejando que un pico de piedra, mucho más grande y filoso que los demás, ascienda lentamente hacia el ser eléctrico. Éste intentó escapar hacia el cielo, pero se encontró con que lo rodeaba una cantidad inimaginable de agujas de hielo. Apretó sus dientes y cerró sus ojos en señal de frustración. Sólo tenía una opción. Debía hacerlo por su compañera.
Zane movió su mano en lo que sería una orden para el comienzo del ataque y, sin más dilación, las amenazas de hielo y piedra atravesaron las escamas del oscuro dragón. La sangre manchó el violeta de su piel y sus gotas cayeron hacia la blanca nieve. La calidez de la sustancia hundió sus dedos en el helado océano congelado.
Kaiser le dirigió una mirada de odio a Zane, pero también llena de orgullo. Su cuerpo estaba ileso. Se escuchó un suave quejido en sus espaldas mientras Faith volvía en sí, asegurada por el arnés, media mareada y perdida. La joven se incorporó y se encontró con una imagen algo confusa. Su amigo se encontraba en una posición muy extraña, sosteniendo el cuerpo de Skolher de frente y con la punta filosa de su cola clavada en sus espaldas. Rugió con fuerza mientras la quemaba con sus descargas eléctricas. La albina gritó de dolor hasta que logró quitarse el puñal con la que la habían lastimado y se alejaba un poco hacia atrás, con varios manchones negros en su piel. Su enemigo miraba de hito en hito la grave herida que estaba a su lado, temblando del susto. Su dragona no dijo ni una palabra, aguantando la angustia.
—Oh, dios mío... ¿Qué sucedió? No entiendo nada —le susurró Faith a su compañero, el cual ya había vuelto a levantar el vuelo. Él le contestó después de un rato.
—Caíste de lleno en una ilusión de Zane. Practicaron mucho más de lo que había pensado y debido a mi subestimación, estuve a punto de... de perderte. Pero logré romperla.
—Pero, ¿qué? ¿cómo? —La morena observaba las lágrimas que caían en el rostro de Zane, completamente derrotado.
—El chico me puso una ilusión en el cual manejaba a la perfección los ataques propios de la carrera. Dejé que me dañara (soportando aquella tortura imaginaria) y aproveché para atrapar a Skolher y tomarla desprevenida. Fue así como se rompió. —Kaiser le dedicó una última mirada a la desanimada dragona y siguió su rumbo hacia adelante.
—Yo... Me equivoqué en pensar en Zane como una amenaza pequeña. El poder de la ilusión controla la realidad de una persona y lo que puede provocar es algo totalmente fuera de control. Él... me quitó la vista, el gusto, el olfato, el oído y mi tacto. No pude hacer nada —le contó Faith anonadada, a la vez que un escalofrío bajaba por su espina dorsal. Su xaelior chasqueó la lengua.
—Parálisis sensorial. Una técnica media-avanzada. No me lo esperaba. Tenemos que ser muy cuidadosos... y más ahora que estamos llegando al tramo final.
La criatura tenía razón. Frente a ellos se abría un panorama diferente.
Los más fuertes habían llegado a ese punto del mapa y todos estaban enfrascados en distintas batallas. Hacia la izquierda se podía ver el gran espíritu translúcido de la caza, la aclamada Jeiss. La parte superior de su cuerpo se había materializado junto a Casper Greenwood, sosteniendo un arco con forma de arpa, una de las mejores armas del mundo. Los colores iban danzando de arriba hacia abajo dentro de la curvatura de su equipo, hecho de un material mágico difícil de encontrar. Frente a su altiva mirada, dejó escapar una flecha envuelta en llamas azules directo hacia el corazón de una bestia enemiga. El chico sólo asintió con la cabeza arrogantemente. Hasta que, momentos más tarde, apareció Maddox en medio del tumulto, rodeando al hermano talentoso con sus pequeñas y brillosas cuchillas de color cobalto. Eran miles de hojas que lo apuntaban mientras el delantero, quitándose el arnés y poniéndose de pie en las espaldas de su dragón, sacaba su legendaria espada de su funda. El lapislázuli de su mango despedía destellos de gloria.
—El guerrero azul, Maddox Nicholson. El maestro de las cuchillas. Es un personaje al que admirar. —Faith estrechó su mirada sobre el gran filo de su arma. Las habilidades de aquel hombre iban más allá de lo normal. Ella siempre quiso igualarlo, pero estaba muy consciente de su inferioridad. Aun así...
—¡Oye! Presta más atención a lo que aquí nos incumbe —la regañó su xaelior, molesto. Él le señaló un punto hacia la derecha con el hocico. Era una marca a lo lejos que se acercaba a gran velocidad. La chica suspiró exasperada mientras creaba una esfera de rayos que los rodearon como escudo. De inmediato, su nueva pareja de contrincantes impactó contra ellos y su barrera.
—Uy, esto me ha quemado un poco la chaqueta. Que sorpresivo, ¿verdad? —La melodiosa voz de Kyle la desquició.
El muchacho vestía unos pantalones oscuros ceñidos junto con su preciosa cazadora negra de cuero con tachas, la cual ahora desprendía unas pequeñas espirales de humo. Era un ser mentiroso y manipulador, de los que se ganaban el puesto n° 1 en la lista de los más detestados por Faith. Desgraciadamente, también era uno de los más habilidosos en las luchas, al utilizar con gran maestría su instrumento predilecto.
El que estaba sacando justo ahora mismo.
El sonido de su látigo restalló en el aire. La morena frunció el ceño intentando pensar en una rápida estrategia para deshacerse de él, ya que se estaban retrasando demasiado en la carrera. El chico no tardó en sacar el segundo armamento, exactamente igual al primero, mientras se relamía los labios. Oh sí, se veía como una presa fácil. Pero le iban a demostrar que no era así.
—La sangre que han reunido estas pequeñas han hecho de mí una reputación de oro, ¿no es así? —En un movimiento práctico y altamente perfeccionado, el chico cayó sin moverse ni un cabello al lado de Faith, a pesar de que la criatura de ésta seguía en movimiento. Ella intentó defenderse metida dentro del arnés, pero él la rodeó con sus serpientes en un complicado nudo sin oportunidad de escapar. Se rio mientras acariciaba las hermosas texturas de sus látigos. Luego levantó su mirada hacia ella y rozó su frente con sus labios. —Nunca me defraudas con tu belleza, señorita… Y no eres de ninguna utilidad más que el de mostrar tu linda cara.
Ella le gruñó, sin prestarle atención al insulto, a la vez que retorcía discretamente sus manos para zafarse de aquella humillación. Notaba la forma en la que Kaiser se defendía del otro dragón, por lo tanto, quiso apurarse aún más. Cerró los ojos a la vez que un furioso relámpago caía justo a su lado. Kyle se alejó un poco y ella aprovechó esta pequeña distracción para reunir la energía que la había llamado (seguramente ese ataque fue hecho por su xaelior) y las puntas de sus dedos refulgieron de electricidad. Había juntado tanta cantidad en un espacio tan pequeño, que pudo cortar limpiamente los lazos que la aprisionaban, ya que este método reforzaba aún más la concentración de su poder en un punto. Su fuerza había mermado muchísimo debido a que esta técnica le requería mucha concentración y esfuerzo, pero lo pudo lograr gracias a su gran determinación. Se levantó separándose de su arnés, ante la mirada perpleja de su enemigo, y le guiñó un ojo.
—Dedícale una última mirada a mi “linda cara” antes de perderte.
—¿Qué…? —Faith apoyó su mano sobre su hombro y lo empujó suavemente fuera de las espaldas de su dragón. Kyle perdió el equilibrio y cayó hacia las profundidades oscuras de la tormenta. Antes de que apareciera otro estorbo en su camino, la chica y su xaelior volvieron a ponerse en posición y volaron más rápido hacia su destino.
El hecho de que su poder haya estado tan oculto durante la carrera le dio ventaja, ya que Kyle pensaba que la tenía en la palma de su mano. No tenía ni idea de los ejercicios complejos que Faith había practicado.
Kaiser suspiró de alivio al ver el límite de la carrera. La cadena de montañas nevadas estaba justo en frente de ellos. Habían pasado fases insoportables de aquella competición y estaban, por fin, llegando al final. Se impulsaron mucho más gracias a los fuertes relámpagos que seguían cayendo a su alrededor y evitaron los demás ataques de los demás participantes que fueron dejando atrás. Más allá de la última barrera, pudieron ver que el cielo estaba despejado y que inclusive se podían vislumbrar algunas estrellas.
—Tcht, Maddox prácticamente ya ha ganado el primer puesto. Sigamos en esa dirección. Vamos, rápido —se impacientó su compañera. Su largo cabello bailaba detrás de ella mientras cerraba los ojos y levantaba los brazos a su lado, dejando que el aire las acariciara. Su dragón permitió que sus alas se dejaran llevar y cayó como una bala hacia los picos de las montañas. Se encontraban tan cerca que hasta podían rozar el aliento frío de la nieve.
Dejaron todos aquellos tormentos detrás mientras cruzaban, por fin, el límite de la carrera. En una última muestra de sus poderes, Faith gritó con fuerza en el momento en el que dejó que sus relámpagos la alcanzasen. Aquellos rayos violáceos rodearon completamente los cuerpos de los xaeliors y aumentaron su rapidez. Se podía ver a la multitud gritando eufórica y la gran línea de meta marcada con un enorme cartel colorido.
Esto era volar. Esto era dejarse ir. Esto era… Liberación.
Aterrizaron con una sonrisa mientras la electricidad desaparecía.
—¡Les presentamos a los ganadores! —mencionó un hombre con unos graciosos bigotes sobre una gran plataforma parecida a una torre, desde la cual observaba todo—. ¡En el primer puesto, tenemos a Maddox Nicholson, el guerrero azul, con su dragón Natcell!
El astuto susodicho alzó su legendaria espada hacia la multitud, que reaccionó de forma descontrolada y completamente entusiasmada. Una danza de flores teñidas de color índigo flotó a su alrededor mientras sonreía. Faith lo admiraba desde lejos con mucho respeto, mientras el presentador seguía nombrando a más ganadores. Los hermanos Greenwood se hicieron con los puestos n° 2 y 3, mientras que otra persona desconocida dio un grito de triunfo al quedarse con el cuarto. Luego, la voz del hombre la sacó de su ensimismamiento al revelar el ganador del puesto n° 5.
—¡En el 5° puesto, tenemos a la ágil y reservada Faith O’Neill, junto con su mítico dragón de la electricidad, Kaiser Lyn!
Ella sonrió ante el público que los vitoreaba con energía, mientras que su compañero se alzaba cubierto de chispas que refulgían en sus escamas violetas. La criatura les guiñó el ojo con galantería mientras posaba al lado de su tímida compañera.
Luego, la morena perdió de vista a la gente sonriente y dejó de oír los gritos de felicitaciones.
Habían pasado horas desde que la competencia de Elwitz había acabado cuando Faith volaba por los cielos sobre su dragón. Decidieron dar una vuelta fuera de las montañas antes de alejarse definitivamente de ese lugar al día siguiente.
—Kai… Pudimos lograrlo. Al fin, pudimos lograrlo. No alcanzamos llevarnos las 1.000 monedas, pero… Estamos aquí. Juntos —le susurró la joven a su xaelior mientras colocaba su mano suavemente sobre sus delicadas escamas. —Nunca imaginé este futuro para mí cuando era pequeña. No tenía ni idea de que todo esto existía.
—Y-yo… Yo tampoco. Me siento algo extraño de alguna manera, a pesar de que estoy muy satisfecho con el resultado de la carrera —mencionó el dragón moviendo ligeramente su cabeza de un lado al otro—. Hay algo que todavía no puedo cerrar, pero no sé qué es.
—Um… Tranquilo, Kai. Precisamente ahora mismo estamos aquí para soltarnos, ¿no crees? Generalmente eres tú el que propone este tipo de cosas. —Se quedó pensando un momento sobre el motivo del raro comportamiento de su compañero. Lo conocía muy bien y no era de reflexionar demasiado sobre ciertas cuestiones, por lo cual se sorprendió al escucharlo admitir que le faltaba una pieza de su rompecabezas para poder entenderlo todo… Sonrió al ocurrírsele una idea—. Hey, hagamos algo. Vamos a volar, verdaderamente. Vamos a lanzarnos hacia adelante sin ningún propósito. Vamos a olvidarnos de todo. Es lo que mejor se nos da, ¿o no?
Su dragón rugió en concordancia con ella y aumentó un poco más la velocidad. Siguió hacia adelante realizando curvas y maniobras fáciles que lo hicieron sentir un poco más alegre y divertido. Aquello le recordaba quién era él y de lo que podría ser capaz, de su lugar en el mundo y de un futuro abierto e infinito. Faith cerró los ojos y sonrió al notar que el típico cosquilleo volvía a aparecer en su bajo vientre al dar vueltas y vueltas sobre Kaiser. Estiró sus brazos a sus lados, exactamente como cuando hace unas horas antes caían como flechas hacia la línea de meta, separando sus dedos y dejando su cuerpo a merced del cielo.
Su mirada se transportó hacia la profundidad del oscuro firmamento que lo devoraba todo. Los xaelior se dejaron llevar por la libertad del enorme espacio que los rodeaba. No había ningún camino que los obligase a seguir hacia alguna dirección, no había ninguna persona que los frenase con alguna limitación y no había ningún destino inexplicable que los separase. Era pura y llanamente… el sentir.
Sentir el roce del aire sobre los poros de tu piel como si te acariciara suavemente con gentileza, sentir tus pulmones llenándose con la pureza del mundo, sentir la calidez que abraza tu corazón al ser consciente de que no estás solo… Sentir la electrificante realidad de que estás vivo.
—Gracias por permanecer conmigo, Kaiser. El haberte encontrado fue… una de las mejores experiencias de mi vida —susurró su xaelior con una voz tiernamente suave.
El mencionado levantó su cabeza con curiosidad por la sorpresiva confesión. Sonrió con delicadeza, sólo como lo puede hacer un dragón, y le respondió:
—Gracias a ti por haberme aceptado. Tú eres la que me ha permitido volar. —Su bocaza se abrió sin tener ni idea de lo que estaba diciendo. Las emociones que fuertemente guardaba dentro de sí salieron a flote, dominando sus palabras. La chica lo tocó con confianza y cariño, de esos gestos que quedan marcados en la memoria.
Hasta que Kaiser se detuvo repentinamente en el aire, estupefacto. Su mente había divagado en busca del entendimiento de la situación, del motivo por el cual seguía dudando… y terminó chocándose contra una verdad que lo fracturó todo.
Sus enormes ojos esmeraldas emitieron un brillo al recibir un golpe en el corazón. Un golpe que rompió a la mitad el cielo, que absorbió el oxígeno y que le quitó las alas.
—¿K-kai? ¿Qué te sucede? Me estás asustando, ¡KAI! —gritó preocupada la morena. Se aferró firmemente a su cuello y se inclinó hacia su oreja para que la escuche más fuerte, para que le diera una respuesta inmediata, para que le dijera que todo seguía estando perfectamente bien. Pero sucedió lo contrario.
Su compañero tragó saliva y se dirigió hacia la punta de una montaña cercana. Aterrizó sobre el manto de nieve y le hizo una seña a Faith para que se bajase de su lomo, sin pronunciar ni una palabra. Ella saltó impacientemente y se colocó frente a él. Se acercó con ademán angustioso, exigiendo por una explicación.
—Ahora lo entiendo. —La mirada de ella atrapó la suya, sintiendo un pánico atroz al ver el sufrimiento más profundo. La voz de su dragón sonaba muy grave, como si hubiese sido irremediablemente hundida por la tristeza. Él respiró hondo, movió su cabeza violácea hacia ella y le respondió: — Yo no soy…
El mundo desapareció.
—… el verdadero.
Kaiser lentamente volvió a la realidad. Sus sentidos despertaron silenciosamente a la vez que sus delicados ojos comenzaron a abrirse. Sintió el indomable frío que clavaba sus dientes en su cuerpo mientras olía el polvo de la soledad. El abandono desgarró cada hueso de su piel y la desesperación trepó rápidamente por sus miembros. Un halo de aire helado se formó frente a sus fauces y volvió a recordar.
A recordar cuando se encontró con una pequeña niña con una cinta púrpura atada en su cintura perdida por el bosque, mientras él escapaba de los perseguidores que no lo habían dejado en paz por semanas desde que descubrieron sus huellas. A recordar cuando sintió una conexión que lo tironeó hacia ella como si se conocieran desde siempre. A recordar cuando la escondió, distrayéndose torpemente, y dejando que su sigilo desapareciera. A recordar cuando las miradas de los monstruos se cernieron sobre él y lo ataron con cadenas, lo amordazaron horriblemente, y lo torturaron hasta dejarlo sin fuerzas, sin energías, sin poderes, sin nada.
Los seres humanos dieron rienda suelta a sus emociones más siniestras, que volcaron con saña sobre los desorientados dragones en extinción. Su envidia por arrancarles sus habilidades especiales terminó por intoxicarlos por dentro. Y Kaiser lo sintió en su propia piel.
Sintió los cortes, las heridas sangrantes, los látigos, los golpes, las burlas, la indiferencia, los desagradables experimentos y la crueldad más macabra que jamás haya visto. El gran maestro de la electricidad siendo devorado por la oscuridad de la maldad del mundo.
El brillo esmeralda se reflejó contra la luz del sol que entraba por una ventanilla destrozada. La violácea criatura respiró hondo y se intentó levantar con todas sus fuerzas, a pesar del enorme peso de las cadenas. Se escucharon los tintineos de las mismas al moverse con dificultad a la vez que veía sus escamas cubiertas de tierra y de manchas. Sus sucias garras bajaron lentamente para acariciar las penosas costillas que se marcaban por debajo de su pecho. Su respiración se entrecortaba de a ratos debido al mal ambiente y su propia debilidad. Una gota cayó de su rostro mientras acercaba sus alas hacia él en señal de protección. Pero…
Tembló.
Sus membranas estaban destrozadas por las contusiones y las cicatrices que tenían tatuadas. Todo lo que había vivido había sido una fantasía. Una ilusión creada por su propio subconsciente. Un sueño.
Un sueño en el que él respiraba, tenía fuerzas, hablaba con una voz perfecta y no tenía heridas. En el que él no estaba solo y en el que podía volar. Sus alas estaban en condiciones para salir al exterior y escaparse del calvario en el que se encontraba atrapado. Y lo más importante… Un sueño en el que tenía a un xaelior.
El cariño más profundo anidó en su alma, un amor tan maravilloso que hizo que el dragón violeta rompiera en lágrimas. Él estaba completamente solo.
Un salvaje rugido resonó en todo el establecimiento. Kaiser acercó su cabeza hacia los barrotes de la jaula en la que lo habían confinado mientras su pánico se acrecentaba. Una alarma empezó a sonar estridentemente dentro de la gran sala, iluminando su piel de rojo, al mismo tiempo en el que el espacio era rápidamente cubierto por las fuerzas de seguridad. El dragón rugió una y otra y otra vez, dejando a relucir el sufrimiento que había soportado por años y mostrando abiertamente su cuerpo real, completamente maltratado y marcado con un mensaje de tortura que nunca más se iría.
Algunos hombres con trajes especializados comenzaron a abrir la puerta de la jaula mientras los destellos verdes de los ojos de la criatura se dirigían hacia la pequeña ventanilla que se encontraba frente a él, muy lejos de su alcance. Sus raptores se adentraron sin premura, intentando mantenerlo quieto sujetándolo con las terribles cadenas y los repugnantes grilletes, pero Kaiser no se las estaba poniendo fácil. Dejó a relucir sus dientes que, aunque no estaban en buen estado, seguían siendo una amenaza para los trabajadores. Se movió tan violentamente que el sonido del metal contra el suelo predominaba sobre el de los demás. El griterío no se hizo esperar, provocando que muchos escaparan de la zona sin mirar atrás. El rostro del experimento estaba tan contorsionado por la ira y la tristeza que era irreconocible, mientras alejaba a todos de él con una sed asesina. Nunca antes lo habían observado tan furioso y descontrolado como en ese momento, justo el día en el que le tocaba a él.
La mente del dragón se paralizó cuando pudo visualizar una pequeña parte del cielo a través de la ventana. Su corazón se agitó a la vez que muchos recuerdos empezaron a aparecer a su alrededor, absorbiéndolo dentro de un mundo alternativo en el que sus ojos veían otra escena.
Retazos de la carrera de dragones empezaron a brotar en su cabeza, desde el inicio hasta el final. Cada fase que pudo cruzar con una chica especial sobre su lomo, las feroces batallas y las estrategias que creaban con gran decisión. La electricidad corriendo por su piel y la calmada voz de Faith.
—Gracias por permanecer conmigo, Kaiser. El haberte encontrado fue… una de las mejores experiencias de mi vida —susurró su xaelior con una voz tiernamente suave.
Su esfera de protección explotó mientras los pedacitos de reminiscencia se desperdigaban por todo el espacio vacío, dejando a la vista uno escondido en el rincón más recóndito de su memoria. Frente a él, formas desdibujadas moldearon una realidad que había odiado y lo había mantenido aterrorizado desde entonces.
Su viejo yo estaba acostado hecho un ovillo sobre el cemento gris, cubriéndose con sus lastimadas alas, las cuales no lograban esconder los asustados temblores que sufría mientras escuchaba las últimas palabras que podría haber querido oír.
Las socarronas voces de los encargados de vigilar su prisión levantaron el tono a propósito, sonriendo burlonamente.
—Esta basura ya no nos molestará a partir de mañana —mencionó uno de ellos.
—¿Cómo es que estás tan seguro de eso? —le preguntó su compañero, sonando desconfiado.
—Nuestro jefe lo dijo. Le llegó la hora, al fin. No es de utilidad para nadie a estas alturas… Está desnutrido, es débil y casi no le quedan poderes. ¡Cambiaremos de zona! —exclamó el primero, riéndose a carcajadas mientras que el otro hombre a su lado lo secundaba.
Sus lágrimas crearon ondas sobre el recuerdo que había provocado su sueño. El desesperado deseo de volver a volar, a sonreír y a vivir era tan fuerte que, al momento de cerrar sus ojos esa misma noche, viajó a otro lugar en el que se cumplía. Pero nada era verdad. Fue sólo una fantasía.
Kaiser sintió la garganta ronca de tanto rugir. Su cuerpo era fuertemente retenido por el trabajo conjunto de los monstruos que lo habían capturado. Él no quería que todo terminara de esta manera, con sus miembros atenazados por unos metales insignificantes; con su libertad siendo arrebatada por unos cuantos seres humanos. Su vida había sido aniquilada por unas simples gotas de poder, producto de almas avariciosas y temibles, que no querían dejar ningún resto de las criaturas que había sobrevolado los cielos. La historia de su familia fue destrozada a causa de la traición y casi todos habían muerto… y los demás estaban a punto de hundirse bajo el mismo destino.
Las leyendas decían que los dragones fueron terribles bestias que asesinaban a las personas y la verdad quedaría enterrada debajo de unos pobres huesos rotos.
No, él definitivamente no quería eso.
Él quería inhalar el aire puro; ver las montañas, los desiertos y los bosques; sentir el roce del viento sobre sus escamas y cerrar los ojos frente a la luz del sol; volar sin ningún otro propósito más que el de dejarse ir y adentrarse en firmamentos que llenaban sus pulmones de vida. Quería que las estrellas volvieran a brillar por él. Quería ser alguien en el mundo.
El rojo de la sangre cubrió el violeta de sus escamas debido a las heridas que se volvieron a abrir. Kaiser tironeaba de sus cadenas con todas sus fuerzas, a pesar de su cuerpo lastimado, sólo para poder llegar a ver más de ese brillo del sol. Atacó sin misericordia a todas las personas que lo rodeaban sin querer dejarlo escapar. Estiró sus garras hasta el pequeño cuadrado de luz que llegaba hasta su jaula antes de ser arrastrado hacia la salida para ser ejecutado. Peleó ferozmente para poder cumplir con su pequeño deseo, manteniendo la casi marchita llama de la esperanza que todavía ardía en su corazón.
Hasta que, repentinamente, escuchó un gran estallido que venía justo del exterior de su sala. La multitud se separó, cundiendo completamente a la locura, sin saber qué hacer al verse interrumpida por un ataque misterioso. El verdadero humo llegó a sus narices mientras resonaban unos pasos sobre el suelo.
Una cara que reconoció apareció frente a él, la de una persona especial que hizo que su respiración se entrecortara. El mundo se sumió en un silencio sepulcral mientras el dragón observaba atentamente el lazo violeta que descansaba sobre el cabello de ella. Una cuerda perdida volvió a entrelazarse con su contraparte, que siempre estuvo ahí. En ese momento, Kaiser supo que su sueño no había sido completamente producto de su imaginación y que su anhelo tenía una oportunidad más de poder volverse realidad.
Sus decrépitas alas se levantaron un poco mientras avanzaba lentamente hacia un futuro abierto e infinito, deseando volver a respirar el cielo otra vez.




No hay comentarios:
Publicar un comentario