Título: "Miedo".
Tipo de escrito: Relato.
Fecha: 2016.
La humedad apresaba a todas las personas que caían en sus redes, colgando desde un nublado cielo que buscaba hundir el mundo. El pequeño niño sólo estaba dando un paseo por las calles, el típico de las tardes, para liberarse y pensar en lo que podría hacer tiempo después. Generalmente no salía sólo, siempre lo acompañaban sus amigos, pero esta vez no los dejaban salir por el mal clima que había, y él, cansado y exasperado, decidió agarrar su bicicleta y girar las ruedas sin nadie al lado. Acostumbrado a hacer lo que quería, sin hacerle caso a ninguna de las niñeras que le asignaron, creyó que no había ningún problema en dar un recorrido de media hora por el barrio. Tampoco se alejaría mucho, y al volver, ya descansaría un rato.
Pero nada de lo que él pensaba hacer se terminó realizando. Las cosas nunca van según lo escrito y el destino siempre termina cometiendo sus propias jugarretas, creyéndose el más verdadero rebelde de todos los adolescentes.
La inquietud lo reinaba todo en esas solitarias calles de tierra. Lógicamente, no había nadie afuera. La mayoría de la gente se encontraba dentro de sus cuatro paredes, tomando la siesta o pensando en la deliciosa cena que los acobijaría del apagado día. En cambio, el niño se encontraba solo en las calles, sin más abrigo que una campera ligera y la gorra de su hermano mayor. Prácticamente, salió sin preocuparse de nada. De igual manera, él se consideraba fuerte, el más resistente de su grupo.
Las pequeñas piedras que se encontraban en su camino se dieron vuelta bajo las ruedas de su gran bicicleta. Eran los únicos sonidos que se escuchaban a su alrededor. Cada huella que iba dejando detrás de él marcaba su camino.
Por desgracia, a veces, justamente los seres que no queremos que se acerquen son los que deciden seguirnos el rastro.
Y el monstruo lo siguió.
El chiquillo lo oía, lo olía, lo sentía. Ahí, detrás de la pared de la esquina; ahí, entre la tierra escondida; ahí, en cada aullido de los callejeros perros; ahí, en cada rasgadura, en cada grieta; y ahí, pegado a su espalda, aferrándose a él como si no tuviese otra opción. Invadido por el miedo irracional de estar siendo perseguido, sus pies se movían cada vez más rápido bajo las órdenes de la sospecha horrorosa. Y a medida que iban pasando los segundos, él se iba dejando ver. El oscuro vello lo rozaba, el mal aliento llegaba hasta sus narices, y las rocas que él empujaba en su recorrido utilizando la bicicleta, iban siendo lanzadas a los lados por alguien más detrás de él. Las nubes del cielo comenzaron a caer y la lluvia fue lo que terminó por arrollarlo todo.
El grito fue ahogado por el estruendo del abominable diluvio que arrastró cada piedra. La sangre bajó por su brazo mientras él corría, dejando de lado el vehículo que lo transportaba. Tenía el presentimiento en su nuca. Lo sabía. Sabía qué era.
Su rápida respiración provocaba nubes en el aire, que se iban desvaneciendo al paso de sus movimientos. El frío lo recogía, escapando de ese terrible ser hambriento. Cerrando los ojos en un intento desesperado de calmarse, se detuvo de repente. Volteó hacia atrás, temblando incontrolablemente, para encontrarse con la bestia más horrible que había visto cubriendo todo el cielo. Era gigante, y al ver sus ojos profundamente rojos, pudo tocar por primera vez el alma de una criatura sanguinaria, de algo fuera de este mundo, con un odio tan grande que fácilmente podía tragarse el universo entero de un bocado.
El niño desapareció en menos de un segundo, y la humedad rio a carcajadas, tapando todas las evidencias de lo que sucedió. 5 minutos después, tan sólo había una bicicleta hundida en el barro y una gorra roja siendo arrastrada por el viento.




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