Título: "Amigos".
Tipo de escrito: Microrrelato.
Fecha: 11 de septiembre del 2019.
Cierro mis ojos y los veo, con sus sonrisas brillantes bañadas por el sol. Trago saliva mientras un estremecimiento recorre mi espina dorsal. Alzo la mano para poder tocarlos, pero se vuelven etéreos ante mi toque y la realidad fluctúa como el reflejo de un lago. ¡No!
No desaparezcan, por favor. No se vayan, por favor.
Las muecas de felicidad se transforman poco a poco, cambiando sus rostros bajo la sombra del caos. Su luz se va apagando mientras sus ojos adquieren una tonalidad rojiza. Doy un paso hacia atrás a la vez que intento no temblar al notar que me observan con enojo, con miedo, con odio.
Lloro. Lloro. Lloro. Mi pecho no soporta la presión del arrepentimiento, el cual me atrapa con sus oxidadas cadenas. No puedo respirar. Aprieto los dientes e intento pensar en todas aquellas anécdotas hermosas que siempre me brindan calidez. Intento pensar en las veces en las que nos sonreíamos, reíamos, nos abrazábamos, nos dábamos la mano, nos mirábamos. Las veces en las que llorábamos, en las que nos apoyábamos, en las que sufríamos, pero nos consolábamos. Intento pensar en toda esa amable felicidad que me cubrió con sus dedos y me protegió de las incesantes inseguridades que esperaban ansiosos por devorar mi cordura.
Mi corazón camina con duras pisadas, arrastrando los últimos resquicios de esperanza que guarda. Ya han pasado días y días. Semanas y meses. Un año. Las pesadillas acosan mi sueño y aún sigo hablándoles cuando retorno a mi vano presente, dándome cuenta del vacío que nadie puede llenar. Mis demonios reaparecen, explotando el dolor que se encuentra en mi ser. Sus susurros me llaman hacia el cuchillo, hacia las tijeras, hacia las pastillas. Sus susurros me hacen agarrar mis muñecas para sentir mi vulnerabilidad expuesta. Sus susurros me indican lo que tengo que hacer para acabar con este dolor.
Las gotas caen sin cesar, chocando contra el papel que se encuentra frente a mí. La tinta desprende la tormenta de sentimientos que han ido creciendo a lo largo del tiempo. Los recuerdos recubren cada detalle que me rodea. Escribo y escribo, dejando salir todos los secretos que quedaron vivos dentro de mi boca. Los rayos amarillos quedan atrapados en una máquina del tiempo y las garras los despedazan, incrementando la fuerza del veneno que entra por mis venas. "Este cuerpo ya ha pasado por mucho", me digo. Cierro mis ojos y los veo, con sus sonrisas brillantes bañadas por el sol.
Adiós para siempre, 친구들.




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