miércoles, 7 de enero de 2026

Relato (fanfiction): Decreto real

Escritos

DATOS

Título: "Decreto real".

Tipo de escrito: Relato y fanfiction.

Fanfiction de: Goblin (k-drama).

Fecha: 2018.


ESCRITO


Cerré mis ojos mientras exhalaba mis penas. Entretanto levantaba mi pálida mano frente a mi rostro, una lágrima se liberó de mis pestañas y se deslizó sobre mi mejilla, hasta chocar contra el suelo y esparcirse, abandonando su cuerpo etéreo. Apreté mis labios sintiendo la resignación corriendo por mis venas. El destino me había llamado. Por fin había desentrañado la historia que tenía para mí el señor Todopoderoso; las heridas que él me hizo infligir, para determinar el que sería mi lugar de despedida.

Miré a mi alrededor a la vez que las luces del templo iluminaban mi espalda. Estaba posicionado justamente en la cima de las largas escaleras de piedra que se encontraban frente a mí. La oscuridad del cielo manchaba los recónditos sitios del ambiente que me cubría.

Apreté mi corazón con mi mano derecha cuando sentí una gran punzada de dolor cortar a través de las membranas de mi piel. No sentía la sangre caliente en mis dedos, pero sí sabía la causa de este sufrimiento. Mi mente rememoró la historia contada por el Goblin que se había instalado a vivir conmigo. Cada palabra que él había pronunciado, con la voz desgarrada, con el corazón roto. El legado del viejo rey, la traición del nuevo, la manipulación de su maestro, la muerte de todos sus seres queridos... y la de él mismo. Sus ojos estaban teñidos de la tristeza más profunda que había visto, la misma que lo apretaba con dureza desde hace ya más de 900 años.

Mi respiración comenzó a entrecortarse cuando recordé el momento en el cual vislumbré el rostro de ella, llorando frente a mí, confirmándome mis más terribles miedos. Recordé cómo sus ojos afligidos me transmitieron todas las memorias que había borrado: El ser que yo había construido hacía tanto tiempo y el destino que lo hizo tomar el agua que lo dejó vacío, sin saber todo lo que había provocado; viviendo como un ángel que tenía contacto con las almas de los fallecidos, permitiéndoles pasar a mejor vida, sin tener conciencia de mi origen.

Pero ahora, era distinto. Mi cuerpo aún permanecía con esas memorias y no pudo evitar llorar al ver el último dibujo que hizo en vida, con la belleza de su amor plasmado en un pergamino amarillo. Las mismas lágrimas que aparecieron cuando mis ojos se encontraron con los de ella la primera vez, cuando buscaba el anillo que yo le había dado antes de su muerte.

Esto era yo. Aunque haya intentado olvidarlo, el mundo no quería que funcionara así.

«Parece que fui la fuente de los peores recuerdos, después de todo... Para ti y para Kim Shin».

Bajé mi mirada hacia el suelo cuando escuché los primeros pasos, provenientes del bosque.

Él ya había llegado.

Sus ojos se clavaron en mí como agujas del infierno, quemándome vivo, mientras cada pie se movía sobre la piedra, avanzando con cada segundo que pasaba. Su caminar era lento y seguro, como lo fue hace 939 años. Su cuerpo no se tambaleaba ni un mísero centímetro, a medida que se acercaba cada vez más a mí.

«Puedes escuchar mi voz, ¿verdad?».

Tragué saliva mientras apartaba la mirada ante la sorpresiva intromisión en mi cabeza.

«Puedo escuchar tu voz también, y bastante claro».

Cubrió la poca distancia que nos separaba y levantó su mano, agarrándome el cuello con una fuerza poco natural. Sus dedos se cerraron sobre mi blanca piel, como siempre tuvo que haber sido.

—Tu comandante general Kim Shin... —susurró con el resentimiento bullendo en su tono— ... está aquí para verte, Su Majestad.

Sus palabras cayeron sobre mí como si fueran una lluvia de ácido, lastimando cada parte que me conformaba como un ser extraño. Mis ojos se mantuvieron abiertos a la vez que sentía cómo mi corazón se familiarizaba con aquel título que había mencionado. La desesperación me encerró del mundo mientras las gotas de mi rostro chocaban contra la sucia y desgastada superficie.

—Vuelvo a verte... después de 900 años, Su Majestad —dijo el Goblin inmortal—. Te tenía cerca de mí, pero yo no te había reconocido…. Wang Yeo.

—¿Realmente… soy yo? —murmuré con grandes esfuerzos, mientras mi garganta hacía lo posible por expresar lo que quería decir— ¿Wang Yeo? Ese rostro joven y tonto... Era... ¿Yo?

La imagen del chico que vi cuando toqué accidentalmente la delicada mano de la mujer que me robaba los pensamientos, apareció en mi mente. Él era el joven que le sonreía a su futura reina.

—Las guerras eran un lugar de tormento. Siempre hemos regresado de allí. Nuestros enemigos no nos podían matar —mencionó él, con los ojos enrojecidos—. Sin embargo, mis hombres... mi hermana pequeña... y mis parientes inocentes y mis servidores… fueron asesinados con flechas delante de mis ojos… debido a un decreto real. —Pequeñas lágrimas comenzaron a caer, junto a las mías—. A causa de las palabras del rey joven y tonto que las pronunció.

El sonido roto de su voz atravesó mi alma.

—Tú estás diciendo... que soy yo, ¿verdad? —dije, con la angustia aflorando en mis cuerdas vocales— ¿Yo soy... Wang Yeo?

Hizo una mueca de desprecio a la vez que sus dedos se cerraban aún más en mi cuello. Traté de encontrar un poco más de aire mientras sentía que mi vida se derrumbaba.

Dicen que las personas que cometen grandes pecados se convierten en ángeles de la muerte.

El agarre desapareció, provocando que tosa ligeramente. Mis pies se plantaron otra vez sobre la dura piedra y escuché su trabajosa respiración. Levanté la mirada al mismo tiempo que él y noté que abrió su boca para hablar de nuevo.

—Recuerdo cada segundo de ese tormento diariamente. —Apretó su puño con fuerza—. Sin embargo, debe ser cómodo... que tú no recuerdes. Incluso después de 900 años... la deidad está de tu lado.

Me dio la espalda mientras la culpa me arrancaba el corazón.

Sabía que esto no estaba bien. Sabía que solamente mis acciones en mi vida pasada habían provocado esto. Sabía que había una única solución.

Rápidamente, me acerqué a él de forma amenazadora. Cuando vi que hizo aparecer su espada, sintiendo el peligro, tomé su mano con mis propios dedos y clavé el filo en mi pecho.

Perdí el aire que había tratado de conseguir y sentí la hoja desgarrar mi carne. Esta vez, la gota que chocó contra el suelo era de un tono rojizo. Mi sangre manchó el lugar en el que tanta gente había perecido.

—M-mi… —Inhalé con mucha dificultad mientras mis ojos vidriosos absorbían el odio del Goblin—. Mi decreto real… Ahora mismo… Es este, general Kim Shin. —Pude observar cómo su cuerpo tembló ante la visión de mi muerte—. N-no puedo borrar… todo lo que sucedió. P-pero puedo… cumplir el término de tu venganza. Lo único que te pido es que, por favor…

La falta de oxígeno me quemó la garganta y escupí un poco más de sangre mientras intentaba terminar con lo que quería hacer.

—Cuida de Sunny, por favor…

Cerré mis ojos mientras exhalaba mis últimas penas y mi cuerpo se deshizo como si fuera polvo, despidiéndose de su amigo más querido a la vez que la brisa lo llevó lejos.

Le dediqué mi último pensamiento a los trazos del pergamino desgastado, deseando que mi reina sea feliz por fin.

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