Título: "Marcesible".
Tipo de escrito: Microrrelato.
Fecha: 5 de octubre del 2019.
Respiro el aire frío que me rodea. Entra a mis pulmones a raudales, como las aguas que se unen con la orilla. Colocando mis manos en mis cálidos bolsillos, observo el color del cielo ennegreciéndose y sumiéndonos en su maravillosa oscuridad, bajo la cual he expuesto tantas veces mi verdadero corazón.
Las ramas del árbol que se encuentra frente a mí me reciben, mostrando su fuerza ante la ausencia de la mía. Sus dedos retorcidos se levantan contra el azul oscuro de la superficie del techo, de una manera magistral, solemne. Ya no tiene hojas, no le ha quedado nada. Todos caminan junto a él sin verlo y a él no le importa. Simplemente se levanta, por inercia, porque sí, porque su código genético se lo exige, porque sus raíces se lo piden, porque quiere alcanzar a abrazar al sol. Y, aunque sabe que eso es imposible, sigue, permanece, aguanta, resiste, debido a que un rayo de luz es suficiente para él.
No puedo más que sonreírle con orgullo. Lo hizo, lo está haciendo y seguirá haciéndolo, no como yo. Yo, un árbol que se volvió planta, que se arranca las hojas a sí misma, que se empeña en esconderse en la sombra y no recibir ni una gota de agua. No yo, que por tanto tiempo ha luchado y ya se ha cansado. No yo, que olvidó cómo se sentía ser guiado por un pequeño hilo de luminiscencia. No yo, que arruina todo lo que toca. No yo, que no puede despegarse del pasado. No yo, con las venas rotas.
La sangre que sigue corriendo por mi cuerpo está envenenada. Vivo sin vivir, correspondo las miradas del resto para que dejen de sospechar, para que me permitan seguir con mi cometido.
Cierro mis ojos mientras pienso en sus rostros, sus alegrías, sus momentos felices, sus historias y la belleza del ser. Mi piel se vuelve papel mientras pienso en cómo reaccionarían, en sus decepciones, en su incredulidad. La tierna pureza de mi alma se escapa de mi cáscara mientras me despido de estas tierras, mientras les deseo la felicidad eterna y me hundo en el atardecer.
Dejo de respirar.




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